Los ganadores se arriesgan.
Como todo el mundo tienen miedo a fracasar, pero se niegan a dejar de intentar.
No se dan por vencidos.
Cuando la vida se pone difícil, resisten hasta que las cosas mejoren.
Son flexibles.
Comprenden que existe más de una manera y están dispuestos a probar alternativas.
Los ganadores saben que no son perfectos.
Respetan sus debilidades y aprovechan al máximo sus fortalezas.
Caen, pero no se quedan abajo.
Perdidos tal vez, pero nunca dejan que una caída les impida seguir escalando.
Los ganadores piensan en positivo, ven lo bueno en todas las cosas.
A partir lo de común, construyen lo extraordinario.
Los ganadores creen en el camino que han elegido, aunque sea difícil, aunque no puedan ver a donde van. Los ganadores tienen paciencia. Saben que un objetivo vale el esfuerzo necesario para lograrlo.
Los ganadores luchan, con miedo, con temor, pero siempre dispuestos a dar todo para que por más de que puedan perder la guerra, sepan que dieron lo mejor de ellos para ganar y superarse a ellos mismos.
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